Al sentir tus brazos rodear mi cuerpo
me siento en casa,

al olerte el hueco que escondes en tu cuello
me siento en casa,
al rozar mis dedos tu suave y corto pelo
me siento en casa,
al acariciar tus acogedores hombros
me siento en casa,
al besar tus labios tiernos y carnosos
me siento en casa.
En casa.
Esa sensación de calidez que te recorre como un escalofrio cuando te sientas frente al fuego de una chimenea,
hace que me sienta en casa.
Ese olor a leña quemada que te reconforta por dentro y que recorre cada fibra de tu alma,
hace que me sienta en casa.
Ese paisaje de otoño, con naranjas bermejos, con rojos carmín, con verdes casuales, con caminos infinitos, con hojas derramadas con formas imposibles,
hace que me sienta en casa.
Ese sabor al oler el ambiente, al oler la corteza de un árbol.
El criar de los pajaros, el silencio del bosque.
Todo eso eres.
Pasas ante mis ojos como una hoja caida,
de casualidad,
a mi lado.
Como si me pidieras a gritos de silencio
que te llevase otra vez a tu copa de árbol,
donde el viento,
antes de mecerte y arrastrate,
no traia cambios.
The arrival birds and Transformation (8)