A lo mejor me estoy engañando a mi misma y tiene razón. A lo mejor si que siento más de lo que yo creía pero y si es así...¿que más da? Si siempre va a ser así. Nada nuevo en el horizonte para mí, estoy acostumbrada a ese sentimiento, sabré vivir con él, una vez más.
Sin embargo, no volveré a consentir sentirme como si estuviera dentro de una jaula, por mucho oro que recubran sus barrotes. Si me quieren entender que me entiendan y sino que me dejen ser tranquila.
Para que aguantar chorradas, para que obedecer etiquetas cuando a mi me gusta romper las reglas y los estereotipos, vivir la vida como yo quiero. ¿Por qué preocuparme de si es así o no? Yo soy y no dejaré de ser porque a alguien no le cuadre en su esquema.
Me dejé engañar por mis deseos, por lo que quería ver, por lo me mostrabas, por las ganas de libertad y el creer que había más gente como él, como yo.
Era el hombre de mi vida, era la otra pieza de mi puzzle, él era la otra punta del hilo rojo de la leyenda, él era bueno, él era yo. He was my soul.
Hablo en pasado para que el presente no me duela, para no darme cuenta de que he perdido lo que todo el mundo busca y a veces no logra encontrar, y que yo, le había encontrado, le he perdido y que ya no podré recuperarle.
Y tendré que vivir con eso, tendré que callarlo, tendré que ocultarlo porque jamás nadie entendería el por qué después de todo yo sigo queriendo formar parte de él, tendré que vivir con esa contradicción eterna, con ese dolor, con esa duda, con esa carga, con ese silencio y esa incomprensión, con ese secreto, cada noche.
Mientras suena "The boxer" de S&G en modo repetición parece que las ganas de salir volando que hace sentir la parte final de la canción se hacen realidad. Parece.
Si no la hubiese sentido antes preguntaría si existe la libertad.
A veces se esconde: Se esconde en sitios, en personas, en experiencias, en días que no creías posibles...y qué sorpresa te llevas al darte cuenta de que estás sintiendo la libertad cuando no creías estar buscándola. La sorpresa de sentir como te vas curando con momentos que son mejor que un regalo, que saben a libertad, a felicidad, a viento y aire. Cuando vas como los caracoles, destrozándote los hombros, como si llevases más peso que nunca; sin embargo lo único que te pesa es una mochila real que llevas a tu espalda, porque ya no sientes ese peso invisible que te impedía respirar. Ese peso que a veces parecía impedirte coger todo el aire que tus pulmones querían, como si supiesen cuando te sientes libre de verdad. Qué sabia es la naturaleza. Esos paisajes y montañas que se abrían camino ante ti, tras un bosque que se empeñaba en ocultarlo de tu vista. Ese viento que te despejaba los pensamientos insanos de tu cabeza y te preguntas:
- ¿No debería estar pensando en esas cosas que tengo que pendientes?" - No, mejor cállate, Pepito Grillo, y observa esa playa a lo lejos porque ese es nuestro destino...ah y mejor no gires la cabeza porque todas esas montañas que hay en medio tienes que subirlas y bajarlas y no queremos un ataque de histerismo mañanero :´)
Cuando el único dolor que sientes es el de los gemelos que te dicen "vamos a petar y no es bromaaaaa!", aunque en ese momento prefieres cualquier otro dolor (pero cállate mujer que te acaba de bajar la regla y la combinación de ambos sufrimientos te están diciendo que le revientes la cabeza a Jey que va delante, imparable, que parece no oir que lloro desconsoladamente, suplicando: "para un ratín que quiero dormir y comer, puta") porque dios mio cómo duele...pero las satisfacción de tirar la mochila ("¡A la mierda ya esto, y no me importa que lleve ahi dentro bragas limpias!") porque ya has llegado, cuando sientes que lo has conseguido otro día más, cuando te bebes la cervecita tan bien merecida y cuando llega la cena y te comes dos platos de espaguetis con tomate y te parece poco (y aun no ha llegado el segundo y el vino empezaba a afectar al habla... al habla inglesa claro, porque menudo spaninglish salía de ahí). Cuando te das una larga y, a veces, fría ducha y te pones ropa limpia (y piensas: menos mal que no tiré la mochila por el barranco jeje), cuando sales a ver la ciudad o el pequeño pueblo junto con esas personas que de repente se han convertido en grandes amigos (hombre si te ven medio desnuda y recién levantada en algo tienen que convertirse, digo yo), cuando recuerdas aquella tarde en la playa, aquel porrete ;) y aquella charla con la persona que más quieres de todo el planeta, aquel atardecer tumbadas en la cama de nuestra suite escuchando Pink floyd, Yan Tierssen y Ludovico Einaudi (con masaje incluido), el "If you snoor, german, you will sleep in the hall tonight, I swear", el ataque de risa mientras no sabía cómo despelotarme discretamente delante de Brett y Henry que nos miraban como "What´s going on?" y ellos ya en pelotas, sin pudor alguno, el voluntario del albergue diciendo "¡Teresaaa que te tengo cazá, deja el chacolí!" (¡¿pero y yo que quieres que haga si con las 2 cervezas iba bien y ahora me pones un festín con vino?!), el modeelno albergue de Deba con tanta gente nueva (y ninguna española, claro, ale a hablar como los monos, por gestos, porque el inglés alemán no hay dios que lo entienda), las distintas vidas de cada uno, sus distintas experiencias y gustos, la pareja anciana de ingleses que arrearon la vaca del camino que nos impedía pasar como si diesen los buenos días, andoni y sus clases de euskera, los bocatas de fue y chocoloate, el palo andador, la lluvia de los coj... - ¿cómo dices que se llamaba? -¡Chirimiri, Teresa, chirimiri! - Ay que ver qué complicados y qué brutos sois los vascos eh- , el helado de kalimotxo, el estofado, los espaguetis, la fruta, los puntitos de las piernas, la rodilla, la mierda la cuesta, la mierda la bajada. las moras peludas, los caserios, los perros a la pachorra, las piedras, el barro, - ¡mierda no he dado donativo!, las vans de Jey, los bailes típicos de la mano de Henry, Bilbao con ellos 3, la despedida, el tranvía, el bus de vuelta...
Y de repente la sientes, ahí, escondida en un rincón: la libertad, la sensación, la sonrisa infinita de ir en contra los vientos, la felicidad que parece interminable, las ganas de vivir así hasta que te cansases de hacer eso, algo que dudabas que harías (aunque las etapas duras te hiciesen llorar y sufrir). Y como por arte de magia, las respuestas están ahi, sin llamarlas, como si vienesen a ti, como si ellas te tuviesen que encontrar a ti y no al revés...y de repente, lo sé: